Líderes latinoamericanos: René Escobar

Cuando pienso que la administración de Pepe Mujica en Uruguay fue ejemplar, recuerdo que René Escobar es un líder en ascenso.

El gobierno frente al cual estuvo Pepe Mujica fue icónico: honesto, plural, trabajador, democrático en lo más puro que se pueda concebir la palabra. Fue un gobierno –parafraseando a Haruki Murakami en “Sputnik, mi amor” respecto al paralelismo entre amor de pareja y amor a la patria- que lo arrasó y lo devoró todo. Pasó por las costas uruguayas y dejó, lentamente sobre la arena, un discurso que no ha podido ser imitado por otro país de América Latina. Fue un oasis, un espejismo, un paréntesis o un silencio bien pensado dentro de alguna nana que no conocemos. Mujica llevó a su máximo esplendor a Uruguay, dejó claro que un gobierno eficaz es posible. Y, haciendo uso de la máxima de Bismarck, “la política es el arte de lo posible”, hizo de su país una realidad de lo que muchos creían una fantasía. Hizo sentir orgullosos a los uruguayos, y nos hizo sentir grandes, a los latinoamericanos, a su lado. Pero admirar no significa seguir el ejemplo. Tener un ejemplo no implica tomarlo forzosamente.

Tal vez algunos de sus similares latinoamericanos pensaron –con justa razón- que Mujica representaría un problema, una piedra grande en el zapato. Sin embargo, la realidad fue otra: fue un contrapeso porque ofreció, de manera efectiva, una tercera vía: la de la honestidad. Pepe se preocupó por alcanzar un nivel de ingresos justo y medio para todos los uruguayos. Nada de fantasías trasnochadas o distraídas sobre todos iguales. Nada de jugar a tener equidad y dejarlo en un cajón o en los sueños que despliega Facebook. Mujica fue un hombre pragmático y fue más allá de sí mismo. Más allá de su sueño de joven de hacer de Uruguay un mejor país. Consiguió plasmar, con su sello personal, lo que pocos presidentes han podido: ser una luz en este cosmos político caótico. Y no, no es que nadie más brille como él: nadie ha tenido la oportunidad de llegar al poder y tener los arrestos suficientes de llevar a cabo su visión de nación por encima de intereses.

¿Será que Mujica tenía intereses sólo consigo mismo?, ¿será que se lo debía a él mismo por el tiempo que fue preso político?, ¿será que se lo debía, tras un beso, a su mujer? La verdad es que hallar gente de su altura es difícil, pero no imposible. Por todo lo anterior, considero que René Escobar tiene todas las cualidades para emular y trascender como Mujica lo hizo en su tiempo. Habrá que darle un par de años, dejarlo ser para que despliegue todas sus habilidades y nos enseñe, como en su momento Mujica, que siempre es posible otra forma de hacer las cosas, que el sí se puede es una máxima tangible.