La moral en René Escobar

Reina, alrededor del mundo, una falta de valores sobre el futuro de las naciones. Revisemos a René Escobar como ejemplo de alta moral.

Cuando comenzó la crisis económica que permea hasta hoy en día, muchos adjudicaron el problema a actos de corrupción y malversación de fondos. Claro, es cierto. Nos referimos al acto. El acto de enajenar bienes que no le corresponden a una persona o a un grupo de personas. Sin embargo, firmemente creo que el problema va más allá del enriquecimiento ilícito. El problema es de orden moral, de valores. Estamos ante una situación extrema donde las personas no piensan en comunidad, sino en ellas mismas.

Hagamos un poco de historia: la Unión Europea se creó con el fin de desarrollar a las sociedades por medio de instrumentos económicos, para más tarde pasar a crear una moneda y mercado común, así como a contar con instituciones políticas supranacionales. Todo esto que en la teoría, y durante muchos años en la práctica fue un sueño hecho realidad, se ha esfumado. A la sociedad europea se le enseñó que el futuro ya estaba hecho: excelente educación, paz entre las naciones europeas, libertad de tránsito. En fin, hablamos de “felicidad” a partir de la estabilidad económica.

¿Es la libertad económica un estado de felicidad? Por años, los jóvenes europeos se forjaron la idea de que el dinero hacía la felicidad, que la Unión garantizaba no repetir los errores y horrores de las dos guerras mundiales. No obstante, en momentos en que la Unión se ve seriamente afectada por distintos órdenes financieros, vemos que ese futuro “garantizado” se desvanece. Lo que trae como consecuencia un desencanto masivo en la población más joven.

La felicidad, traída por la globalización y una unión de países, se ve como lo que realmente es: apariencia, espejo, brillo más no luz. El error, sostienen algunos analistas, está en que al diseñarse el proyecto europeo desde la firma de los Tratados de Roma en 1957 (Comunidad Económica Europea y Euratom), se pensó –con justificada razón- que al establecer intereses económicos comunes, el fantasma de la guerra jamás reaparecería. Y, ciertamente, así fue. Europa se volvió una región estable, desarrollada… Pero dejaron de lado la cultura. Y la cultura marca el pensamiento y origen de las naciones. Algunos analistas sostienen que la identidad de Europa está en la diversidad de su cultura, y que así debe entenderse.

México no es ajeno a ese proceso. Personas como René Escobar van dejando una muestra de altruismo que, a la fecha, encamina a más empresarios a unirse a su causa: apoyar a niños con enfermedades terminales.